
Ayer, por error y para mi desgracia, puse la televisión a una hora poco recomendable y como no podía ser de otra manera me acabé encontrando con el maravilloso programa de Ana Rosa y sus colaboradores. Como no supe reaccionar a tiempo, me encontré con la portada del Hola! Y con la maravillosa Tita y sus maravillosas hijas en su maravillosa Pink House, todo es maravillosamente rosa, todo es maravillosamente perfecto y maravillosamente caro.
Tita ha hecho decorar una habitación en todas sus casas de la misma manera, así, cuando sus maravillosas hijas viajan, están siempre en el mismo (y maravilloso) ambiente.
Y yo me pregunto…Estas niñas, cuando crezcan, ¿seguirán viviendo en ese mundo maravilloso o sabrán que hay vida fuera de su Pink House? ¿Sabrán que no pueden tener todo lo que deseen en el momento que lo deseen porque el mundo no gira en torno a ellas? ¿Sabrán que no todo el mundo ha vivido en una Pink House? Espero que la maravillosa Tita sea capaz de enseñar estas cositas a sus maravillosas hijas y que no tenga miedo a que después aprender estas cosas las maravillosas gemelas tengan un maravilloso trauma.
Y esto, me lleva a reflexionar sobre algo…aquellos que siempre han sido el centro de atención y que siempre han conseguido todo lo que se han propuesto, aquellos que siempre han llevado la razón y que si no se la daban (porque no la tenían) se pillaban una pataleta, aquellos que jamás han sabido pedir perdón y que han antepuesto su orgullo a todas las cosas (porque así se lo han enseñado y porque nadie les ha hecho ver lo contrario)…Aquellos, digo, ¿en qué mundo viven?
Tenemos por ejemplo a los maravillosos hijos del maravilloso Julio Iglesias. De maravillosos que son me dan cierto repelús. Todo en ellos es maravilloso, tienen 30 años y siguen en su Pink House creyéndose los reyes del cotarro.
No han dado un palo al agua en su vida y con solo suspirar tienen a una corte de seguidores-sirvientes-pelotas dispuestos a darles todos los caprichitos.
Está bien tener de todo y está bien que cuando somos pequeños nos den caprichos, nos hagan sentir los reyes de la casa y que en cierto modo crezcamos en una Pink House pero también está bien que nos enseñen que no todo es rosa, que no todo va a ser como nosotros queramos y que no todo el mundo va a estar pendiente de nosotros a cada momento.
No se si esa gente es feliz, supongo que si, que lo son a su manera y en su mundo perfecto, pero lo que tengo muy claro es que ellos no viven la realidad, que no ven las cosas como son y que si algún día su Pink House se ensucia no sabrán que hacer para limpiarla.
Es muy triste saber que hay gente así, que espera que el mundo gire a su compás y que cuando se les intenta hacer ver que están equivocados tan solo salgan corriendo y se refugien en el mundo rosa de siempre.
Está bien que todos tengamos nuestra Pink House, pero no creo que vivir en ella sea lo más adecuado. Como refugio temporal o como estancia estival viene bien, pero eso si, yo no la quiero como hogar definitivo, no quiero ser una chica maravillosa como las hijas de Tita, como los Iglesias o como tantos y tantos otros que caminan por la vida y que podemos ver (a la gran mayoría) en las maravillosas revistas del corazón.
3 comentarios:
madre mia, te sirva de leccion para la proxima vez que te aburras.
seguramente viviendo como viven lo peor que les puede pasar es que las roben...o que se les rompa una uña
hay un realidad por cada persona. aqui no es lo de los k tienen dinero son infelices y nosotros felices xk sabemos lo k vale una barra de pan.no se...supongo k tb tendras sun problemas y nostros tb podemos ser infelices...no se...son personas al fin y al cabo.no mola juzgar
No me referia a eso, Vero, no todo el mundo es igual, pero a lo que yo iba es a que esta gente que siempre vive en el mundo eprfecto y que tiene de todo desde pequeño no se si sabra que hay en la vida exterior.
Tenerlo todo no creo que sea signo de felicidad.
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