lunes, 12 de mayo de 2008

Guardar las apariencias


Hoy en día todos o casi todos somos muy políticamente correctos y nos cuesta a horrores mandar a alguien a la mierda definitivamente o llegar a ignorar a alguien por completo, hasta el punto de que si nos cruzamos con esa persona por la calle fuese para nosotros un completo desconocido o un ser invisible.

El otro día, sin ir más lejos, me encontré con una persona que ocupó mi vida durante algo más de dos años y que debería serme total y absolutamente indiferente puesto que el fin de la relación con esta persona no fue precisamente amigable.
Además, nos hemos demostrado que no podemos (ni queremos) ser amigos puesto que ninguno de los dos está realmente interesado en la vida de la otra persona.

Bien, me encontré con esta persona sin querer, nos dimos de bruces cuando yo salía de una sala y esta persona entraba y como no tuvimos más remedio, nos saludamos y mantuvimos una mínima charla de cortesía que a ninguno nos apetecía, pero que por ser educados y civilizados no podíamos evitar.

Y así pasa muchas veces. Nos tenemos que encontrar con personas que no nos caen bien, con gente a la que tan solo hablaríamos para mandarles a la mierda, pero no lo hacemos porque somos educados y porque no queremos montar un numerito que no viene al caso, pero que nos dejaría muy a gusto con nosotros mismos.

Otro ejemplo es uno de este fin de semana mismo, en una reunión de amigos había una persona que no soporto por mil y un motivos, podría haberle llevado aparte y decirle todo lo que pienso de el en más de una ocasión, no necesariamente este fin de semana.
Pero no lo he hecho porque aún se tiene cierta educación que impide hacer y decir lo que se quiere y que nos obliga a guardar las apariencias, a dedicar un par de sonrisas a cual más falsa y forzada y a mirar hacia otra parte cuando esta persona habla.

Creo que lo más fácil sería que todos pusiésemos las cartas hacia arriba y que por una vez, las verdades se dijesen sin tapujos. Así nos evitaríamos tener que cubrir el expediente y preguntar por cosas que no nos importan lo más mínimo o responder a preguntas (simples) que no tenemos porque responder.

Claro, que lo que algunos tenemos es demasiada buena educación y pensamos en las consecuencias de nuestros actos y palabras, porque si yo, le digo a esa persona lo que en verdad pienso, podrían verse afectadas terceras personas y no es de eso de lo que se trata.
Porque además de buena educación, tenemos la manía de meter a terceras y cuartas personas en nuestras guerras personales, como si cada uno de nosotros no tuviéramos bastante con lidiar con nuestros propios problemas.

No hay comentarios.: