martes, 27 de mayo de 2008

Cuando viajes en transporte público...


Yo, que viajo diariamente en transporte público y que llevo haciéndolo muchos años, he tenido tiempo de descubrir todo lo que se puede hacer en esos ratos “perdidos”.

En todos estos años me ha dado tiempo a escuchar discografías completas de infinitos grupos, he leído prácticamente todos los libros que hay en mi casa (y son muchísimos) y otros tantos de las bibliotecas públicas, he revisado documentos, he leído la prensa, he dormido unos deliciosos minutillos más…en definitiva, he aprovechado el tiempo.

Pero también he estudiado a la gente, he visto que hacen y que no hacen y muchas veces, se acaba escuchando conversaciones ajenas. Si, lo se, no es de buena educación pero seguro que a todos nos ha pasado más de una vez. Es inevitable.

Y ahí si que nos podemos enterar de multitud de detalles. Desde los planes que se tienen para el fin de semana a los problemas con la pareja pasando por la comida que se va a preparar para el día siguiente.

Todo esto viene a que ayer, mientras iba en el tren, entre todo el barullo de un cercanías un sábado por la tarde, pude distinguir varias conversaciones: la chica que quedaba con sus amigos en tal estación y que les recordaba que ella bebe whisky con red-bull, el hombre que mantiene una conversación subidita de tono con la mujer de turno, la madre que llama a casa para recordar que saquen el tupper con la comida del día siguiente del congelador…

Y pensé que si todos somos tan celosos de nuestra intimidad como siempre decimos, no se por qué no nos cuidamos un poco más de hablar por teléfono en sitios públicos ya que cualquiera puede escuchar nuestras conversaciones. Pero lo mismo pasaría si hablamos en persona, no sabemos quien puede escucharnos.

Yo he ido hablando mil veces por teléfono en transporte público y he hablado de mil cosas diferentes y seguro que la gente se ha enterado de cositas que “nadie” sabía o de temas que nadie tenía porque enterarse, pero supongo que al fin y al cabo, es el precio que debemos pagar por hacer uso (y abuso) de la tecnología, que perdemos parte de nuestra intimidad. O eso o nos limitamos a mandar SMS y dejamos las llamadas para la estricta intimidad.

Creo que si de verdad queremos saber como es y como vive la gente, lo mejor que podemos hacer es viajar un día en transportes públicos observando como se mueven, como hablan, con quien y sobre qué temas.
Además, pasaremos un rato entretenido, eso si, cuidado con ser poco disimulados no vayamos a pasar por locos psicópatas o algo peor…

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