viernes, 14 de noviembre de 2008

Cuestión de puntualidad.

Hoy, mientras viajaba en autobús, he escuchado (sin querer) una conversación mantenida entre un viajero y alguien situado al otro lado del teléfono.


La cosa, según creo, iba de que habían quedado a x hora (de la que posteriormente me he enterado) en el hospital y éste viajero y su acompañante aún no se habían presentado.


Con toda la calma del mundo, el pasajero le ha dicho a quien llamaba que no se preocupase, que en 5 minutos llegarían y han finalizado la conversación.


Con toda calma, esta pareja de pasajeros se han puesto a hablar sobre el retraso que llevaban y, sin darle la más mínima importancia, han admitido que SOLO llegaban 20 minutos tarde.


Y yo me he puesto a pensar en lo importante que es para mí la puntualidad, no solo lo soy yo, sino que pido que quien queda conmigo también lo sea. Puedo entender un retraso un determinado día, un contratiempo (tráfico, transporte público…) pero no comprendo cómo hay gente que llega tarde por costumbre.


Conozco a personas que siempre llegan tarde y que aunque se les recrimine, les da lo mismo, al día siguiente harán lo mismo y encima jamás se disculpan, como si lo natural fuese que todo el mundo tenga que andar esperándoles, atentos a su ombligo y a sus caprichos.


A mi me lo han inculcado desde pequeña y ahora lo veo como lo más natural del mundo, calculo el tiempo que voy a tardar en llegar, las cosas que tengo que hacer…y si alguna vez he fallado y he llegado tarde (porque todos somos humanos) me he disculpado mil y una veces porque yo se lo mucho que molesta tener que estar esperando.


Y no, no distingo entre quedar con amigos y llegar a clase o al trabajo, para mi la puntualidad es la misma en uno y otro caso.
Que también hay gente que por no tratarse de una cita “profesional” se lía la manta a la cabeza y se cree que los colegas están en esta vida para esperarnos y no es así, la puntualidad es tan importante en una cita para una entrevista de trabajo como lo es en una cita para ir de cañas con los colegas.


Afortunadamente, la inmensa mayoría de las personas con las que quedo son puntuales y respetan al máximo los horarios (siempre se pueden permitir los 10 minutos de cortesía, pero no los 10 minutos por sistema), pero cuando he tenido que vérmelas con impuntuales, creedme, me he llegado a mosquear mucho.


No se trata solo de una cuestión de manías personales, creo que es una muestra de respeto y consideración hacia la otra persona, es una muestra de interés, de profesionalidad y de educación, algo que, por desgracia, está en declive.


Y yo, llego a ser la persona que lleva 20 minutos esperando a esos que iban en mi mismo autobús y os juro que me escuchan hasta en Sobacuelos de Abajo, que encima habían quedado en el hospital…y no creo que sea lugar para llegar tarde…

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