miércoles, 1 de abril de 2009

¿Quién agrede a quién en la Sanidad?¿el personal o los pacientes?


Anoche, mientras cenaba mis judías verdes y mi pollo a la plancha estaba escuchando la Cadena SER en la radio, como todas las noches.

A eso de las 21:15, en una especie de tertulia comenzaron a hablar sobre las agresiones a los médicos y personal sanitario, que según parece, son el pan de cada día de quienes trabajan en la Sanidad pública.

Tanto interés le estaba prestando que el pollo no es que se me quedase frío, es que casi le vuelven a salir las plumas y es que estaban comentando que los pacientes, en lugar de utilizar las vías administrativas, en ocasiones, recurren a la agresión física o verbal.

Estaremos de acuerdo en que utilizar las agresiones físicas no están justificadas en ningún caso, y que la agresión verbal no es más que un tipo de violencia, hasta ahí vamos bien, pero donde ya no estamos tan de acuerdo es cuando el personal sanitario SIEMPRE se pone de víctima.

Desde mi experiencia personal puedo decir que he tenido que recurrir un mínimo de tres veces a atención al paciente, y que las tres veces no ha servido para nada…bueno, miento, solo ha servido para recibir en casa una maravillosa carta diciendo que toman nota de mi sugerencia. Punto pelota.
Atención al paciente no es más que un lugar donde lloriquear y recibir un pañuelito para secarnos las lágrimas, jamás una solución.

No se si es que se creen los dueños del cotarro o es que pretenden que tiremos pétalos de flores a su paso, pero la verdad es que más de una vez más de un trabajador de la sanidad necesita un buen rapapolvo y cuatro verdades bien dichas, porque a lo que si que no hay derecho es a que a los pacientes o a los familiares de pacientes nos anden vacilando con papeles, información dada tarde, mal y nunca o con aires de prepotencia cuando lo único que hemos hecho ha sido preguntarles por el estado de un paciente.

Hasta donde yo se, pocas veces ha aparecido un paciente quejándose públicamente del trato recibido por un trabajador de la Sanidad Pública a no ser que se tratase de un caso extremadamente grave, como los que hemos escuchado de médicos que abusan de sus pacientes o errores garrafales en diagnósticos o tratamientos.
Y la verdad es que razones no nos faltan para quejarnos, pero, como muchas veces ocurre, creo que por “miedo” a que luego nos traten aun peor nos callamos y apechugamos con la enfermera imbécil o el médico prepotente que nos ha tocado, no sea que el remedio vaya a ser peor que la enfermedad y que luego nos traten peor de lo que ya lo estaban haciendo.

Además dicen que tienen que soportar gritos y malos modos día tras día, pero como digo, los pacientes y acompañantes tenemos que soportar otras muchas vejaciones sin que nadie nos apoye, nos escuche o nos comprenda lo más mínimo, porque repito, Comprendo que la Sanidad Pública es una mierda con flequillo (me centro en la madrileña) y que haya muchos quemados, pero lo que no concibo es que siempre sean víctimas y que jamás se pongan en el papel de quien lleva horas esperando ver a un médico para que le informe o de quien se acaba de enterar de que nadie dio de comer a un paciente totalmente dependiente porque no les salió del moño.

Pero por si fuera poco, en esta tertulia de anoche, apareció una enfermera (espero no equivocarme) contando su experiencia con una paciente que la agredió por la espalda…” ¡qué brutalidad! ¡Ahí si que se pasó tres pueblos el fulano en cuestión!” pero la cosa tiene truco…resulta que el agresor era un paciente de psiquiatría. No te jode, si esperas que allí no haya agresiones dedícate a otra cosa.

Atención al Paciente no es más que un lugar donde lloriquear y recibir un pañuelito para secarnos las lágrimas, jamás una solución.

Me parece insultante que siempre andemos con los “pobrecitos” cuando hablamos de personal sanitario y que raras veces aparezcan los conductores de autobús, los taxistas, los dueños de comercios…diciendo que ellos también sufren agresiones (porque las sufren) y que deberían protegerles de los ciudadanos. Supongo que va con el cargo.

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