martes, 14 de abril de 2009

Los ancianos, ¿qué hacemos con ellos?

Recientemente, por una serie de acontecimientos personales, he tenido que enfrentarme de nuevo a la poco agradable situación de despedir (figuradamente) a un familiar y enviarlo a una residencia de ancianos.


Pero también, como casi siempre pasa en estos casos, he tenido que enfrentarme a las opiniones contrarias, a quienes desean mantener el mayor tiempo posible al anciano fuera de estos recintos.


No soy un alma sin escrúpulos, no creo que la mayoría de las residencias sean como a nosotros nos gustarían y por supuesto, no me hace ni la más mínima gracia llevar allí a mis seres queridos, pero en muchos casos no queda más salida.


Se que en una residencia un anciano pierde gran parte de su intimidad, de su espacio (deja de tener una casa para tener una habitación, la mayoría de las veces compartida), pero empieza a tener un control sobre la alimentación y la medicación, tiene compañía 24 horas al día, asistencia médica y todo lo que pueda necesitar para pasar esos últimos años que para todos son tan incómodos.


Conozco y comprendo todo eso, pero creo que eso es infinitamente mejor a pasar sus días solo en casa, sin mucha compañía, sin control de la medicación y sin que nadie vele por esa persona día a día, sin que lo vigilen, sin que tenga una higiene personal adecuada y todas las demás necesidades cubiertas, que hoy día nos parecen tan simples pero que con la edad se van dejando de lado.


Vale, estamos las familias de los yayos, pero no seamos hipócritas y sinceramente, ninguno de nosotros estamos dispuestos a cuidar 24 horas al día a nuestro abuelo y nuestros padres no pueden vivir por y para los ancianos, porque necesitan vivir su vida y cuidar de un anciano es casi como morir en vida.


Ojo, no reniego de la vejez, solo digo lo que muchos callan, y es que cuidar de un anciano (que no sea el típico que parece que tiene 20 años) es una labor muy sacrificada, que nos quita horas de sueño, de vida personal, de realizar otras obligaciones…y sobre todo, no estamos preparados física ni moralmente como para realizar esta tarea.


Se que es muy complicado tomar la decisión de enviar a nuestros padres a una residencia, porque es asumir que están mayores y que muy posiblemente no son capaces de valerse al 100% por sí mismos.


Por eso, si todos recapacitásemos, sería más fácil tomar la dolorosísima decisión de ingresar a los abuelos en residencias, ya que no es solo nuestro bien, sino el suyo.

Pero como para hasta en las mejores familias, siempre hay discusiones, avaricias, deseos personales y aspiraciones varias, que a veces hacen que no miremos por el bien del mayor, sino por el fruto que podremos obtener de el en un futuro (un piso, una cantidad de dinero…) y usamos a los ancianos como marionetas.


Es la historia de siempre: para unas cosas somos muy humanos y nos da mucha pena enviar a los abuelos a la residencia porque creemos que es algo así como abandonarlos, mientras que para otras nos deshumanizamos y buscamos solo bienes materiales.


Qué más quisiera yo que todos llegásemos a la vejez perfectamente, que no tuviéramos achaques, demencias, enfermedades, operaciones y problemas varios. Ojala tuviéramos siempre a alguien a nuestro lado que nos cuidara (mutuamente) y que nos acompañara, pero para mi desgracia no es así, ni lo ha sido ni lo será.

2 comentarios:

monsieur le six dijo...

Yo creo que depende del anciano en cuestión y de la residencia. Supongo que muchas residencias serán sitios donde uno jamás querría acabar, pero seguro que las hay que en el fondo están bien, y a fin de cuentas ahí hay gente que sabe lo que tiene que hacer y que puede dedicar las 24 horas del día. Las familias, por lo general, no pueden ni saben.

También influye el carácter del anciano. Hay personas que, por su manera de ser, se sentirían como en una cárcel, y otras que en cambio estarían tan felices, acompañadas de gente de su edad. También depende de si tienen nietos a los que quieren ver a menudo, etc. Habría que ver cada caso.

Sonia dijo...

Hombre, hablando desde la experiencia (mis dos abuelas están actualmente en residencia), hay de todo, desde residencias que ya querríamos para nosotros hasta cuchitriles de mala muerte, pero en general, las que son de las Comunidades Autónomas suelene star bien cuidadas, vigiladas y con personal apropiado.

Sobre el caracter el anciano...lamentablemente se acaba convirtiendo no en una cuestión de sus apetencias, sino de la decisión de los hijos, que son los "responsables" del yayo.

Y si, cada caso es un mundo...qué me vas a contar!