
En numerosas ocasiones todos los que tenemos una mínima ideología política y militamos en un Partido (A o B, es indiferente) hemos tenido que enfrentarnos a la más que repetitiva pregunta de “¿para qué? ¿Te crees que así vas a cambiar las cosas?” y todas las veces hemos respondido que si, que nos creemos que podemos hacer algo para cambiar las cosas (sufriendo después la miradita irónica de rigor).
Hoy día la militancia en un Partido Político está visto como algo negativo, como algo que hacen los ilusos o los niños de papá para encontrar un trabajo chachi sin que sea en banca o construcción, nadie lo ve como una opción donde encauzar las ideas y los trabajos por los demás (como seguramente podríamos hacer, quizás, en una ONG pero sin política).
Hoy en día la mayor parte de los ciudadanos ve a la Política y a sus líderes como títeres, como líderes absolutistas y como seres ruines que poco menos que merecen la muerte, y quizás seamos nosotros, los militantes, culpables de esta imagen.
Quizás deberíamos habernos esforzando más en procurarnos líderes “sensatos” como cabezas de lista y no simples gestores, pero es lo que elegimos en su momento, y dudo mucho de que esos que tanto critican a los líderes lo hubieran hecho mejor.
Además, debemos recordar que esos líderes (nos gusten o no) fueron elegidos democráticamente por todos los que ejercemos el derecho al voto (tan denostado, por cierto).
Ahora estamos en unos momentos delicados, en plena crisis y en el –posible- final de una época y el principio de otra y ahora es cuando la sociedad más protesta (porque si les fue bien antes tened por seguro que callaban como putas) y cuando piden cambios, revoluciones incluso.
Ahora, claro, ahora es muy fácil salir a la calle a vociferar en contra de todo y de todos, de los líderes políticos, de los Partidos y hasta de los militantes (a los que más de uno nos acusa de vagos, ilusos y de tener poco menos que un encefalograma plano por creer en los políticos y por participar con ellos), pero sinceramente, creo que muchas de esas voces no son más ilusas que muchas de las que se escuchan desde dentro de los Partidos, esas que no evolucionaron y que aún huelen a maletero cerrado.
No creo que se trate de matar al mensajero, sino de reajustar las cuentas (y no de ajustarlas) con quienes corresponde, de que todos nos demos cuenta de que, aunque esto se veía venir, nadie estaba preparado para ello y no me vale la excusa de que si in Gobierno no es capaz de verlas venir es que no merece gobernar.
Yo, seguiré escuchando a quienes piden cabezas (como si ver sangre les hiciera sentir mejor), seguiré sonriendo ante algunas ocurrencias y como siempre, mantendré mis ideales (e ideas, aunque en este caso son solo las esenciales) fijos, ya que yo si creo en la recuperación y en el cambio.
No quiero explicar los motivos que me llevaron a empezar a interesarme por la política (no por las grandes teorías ni palabrerías, que no son más que eso), sino por los trabajos que se realizan en el día a día “en casa”, pero estoy segura de que si todos los supuestos descreídos mirasen un poco lo que hay detrás de unas siglas se darían cuenta de que la teoría y los discursos solo valen para maquillar los déficit de contenidos y no para convencer a la gente de cual es el fin necesario.
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