
El pasado fin de semana estuve con mis padres y con David comiendo en el Parador de Chinchón y como comentamos durante la comida, de haber sacado una foto a la sala, bien podríamos haberla titulado “¿Dónde está la crisis?”.
Y es que la sala estaba llena, ni una sola mesa libre (serían unas 10) y eso a pesar de que comer en la red de Paradores es de todo menos barato (como mínimo sale a 40 euros por persona) y de que normalmente los Paradores no están situados en el centro de las grandes ciudades (en Madrid en Alcalá de Henares y Chinchón).
Lo más curioso de todo es que además de personas adultas, había una mesa con tres niños, que aunque supongo que tomarían el menú infantil, estoy segura de que no cuesta lo que un menú infantil en el McDonalds y además, estoy segura de que los padres de esos niños tienen un piso que pagar y segurísimo que los sueldos de todos los que allí estábamos no son “galácticos”, sino que más bien había de todo (incluidos jubilados).
Como digo, comer en Paradores no es precisamente barato, y en un lugar tan sumamente turístico como Chinchón hay mil y una posibilidades y ofertas gastronómicas mucho más “guiris” que esta.
Además, quien más quien menos tiene idea de lo que económicamente significa comer allí, por lo tanto no lo veo como opción de última hora cuando el hambre aprieta, porque para eso están las tascas de la zona de
Donde quiero llegar es a que muchos de nosotros nos quejaremos de que no podemos pagar el piso, de que no llegamos a fin de mes y de que sube todo menos el sueldo, pero a la hora de la verdad bien que salimos de turismo, pasamos fines de semana fuera de nuestra ciudad y comemos en buenos restaurantes sin que nos duela en exceso el dinero que pagamos por ello (ojo, que yo soy la primera en hacerlo).
¿Por qué muchos seguimos haciendo este tipo de gastos? Pues muy sencillo, porque el poco (o mucho) dinero que nos queda después de los gastos obligados lo gastamos en estos caprichos y es que si no seríamos unos más de esos amargados que no salen, que no conocen y que no viven.
Si, claro que hay que ahorrar y claro que hay que tener los pies en el suelo, yo soy la primera que es una especie de hormiguita ahorradora, pero ni tanto ni tan calvo, no es necesario comer en Paradores ni alojarse en hoteles de cinco estrellas, pero si que creo que a nadie le amarga un dulce y que lo que muchas veces nos gastamos en chorradas podemos ahorrarlo para “invertirlo” en un viajecito o una comida en un buen restaurante.
Aunque claro, hay de todo y mucha gente prefiere comer 10 veces en el Burguer King antes que cenar una sola noche en Solchaga (por ejemplo), para gustos….los colores!
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