martes, 3 de junio de 2008

Rincones para gourmets y gourmandes I.


Con esta entrada se inicia lo que posiblemente será una serie de publicaciones más o menos seguidas y más o menos frecuentes sobre esos lugares de obligada visita en Madrid (y alrededores).

No están todos los que son, pero si son todos los que están.

Los lugares no serán (de momento) los típicos monumentos o paisajes, sino que me iré hacia el bien llamado “turismo gastronómico” ya que, afortunadamente, mi educación ha ido más allá del saber estar y puedo presumir de saber disfrutar de los placeres de la mesa (tanto sólidos como líquidos) y de conocer numerosos lugares y rinconcitos donde dejarse una cantidad de dinero a cambio de un buen manjar (la cantidad de dinero será variable, no todo será cocina de autor, I promise).

Pero además de restaurantes, cafeterías y tascas varias, mi intención es mostraros, mis pequeños saltamontes, algunas de las tiendas de “capricho culinario” de Madrid. Tiendas de “cacharritos”, de gourmets, de vinos, licores y destilados varios…un placer y un lujo al alcance de muchos.

Espero que las disfrutéis, que colaboréis, que opinéis y que conozcáis, que hay mucho mundo ahí fuera y yo quiero verlo.


Empezaremos esta serie con una pastelería-cafetería-confitería conocida por todo madrileño que se precie.
Pastelería La Mallorquina que desde 1894 (fundada por Juan Ripoll) nos endulza a todos los madrileños y visitantes.

Ubicada en pleno centro de Madrid (Puerta del Sol nº 8 si no me falla la memoria) es una de las cafeterías de “acierto seguro” ideal para disfrutar del centro de Madrid, sobre todo si se hace en una de las mesas de la planta de arriba de su cafetería, con grandes balcones de impresionantes vistas (pocas veces podemos ver la Puerta del Sol sin apretones).
Una merienda (café con leche y napolitana) os saldrá por unos 2.8 €, el desembolso merece la pena.

Lo típico de esta pastelería son las napolitanas de crema (exquisitas, las mejores que he probado en mucho tiempo), los croissants y en general todos los bollitos que ofrecen así como los caramelos de violeta (típicos), las lenguas de gato, trufas de chocolate e infinitos productos típicos de cada temporada.

Sobre las tartas y demás pasteles y confites, he de decir que tan solo probé una vez la tarta de fresas con nata y que me resultó empalagosa. Muy artificial.
Pero si que es cierto que algunas, vistas desde el escaparate, bien merecen una oportunidad (y la tendrán).

La zona del mostrador está siempre hasta los topes, pero los empleados son muy rápidos y os atienden enseguida.
Cada bollo cuesta más o menos un euro y os recomendaría que además de llevaros una napolitana “para el camino”, pidáis algunos para llevar y os deis el gustazo de desayunar con ellos a la mañana siguiente. ¡No podréis resistiros!

Que lo disfrutéis, eso si, con cuidado y mesura. Próximamente más.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

quien me mandaría leer esto antes de la hora de comer?

monsieur le six dijo...

Cuando yo iba por Madrid no me dijiste nada de estos sitios ¬¬

Sonia dijo...

Nop sabia yo que a ti te gustasen todos esos sitios...
Lo de la mallorquina es conocimiento popular, joer.