viernes, 10 de agosto de 2007

Miedo y asco en el cole


Después de haber recibido un aluvión de comentarios pidiéndome que actualice el blog y otro aluvión de comentarios pidiéndome que cuenta la anécdota de los saltamontes, he decidido matar dos pájaros de un tiro: actualizo el blog y cuento lo que me pasó con esos bichos hace ya unos cuantos años.

No recuerdo exactamente que edad tendría, pero era en mi época de preescolar, así que pongamos que tuviese unos cuatro o cinco años.
Estábamos en el recreo del colegio, jugando y haciendo el cabra como era costumbre a esas edades (hoy día seguro que salen al recreo a jugar con la PSP y a mandar un mail a sus papis).

Era primavera, porque llevaba un jersecito blanco encima de vestido (es que en esa época yo iba monísima a todas partes) y por algún motivo que no logro entender se me puso un saltamontes enooooorme en la manga del jersey…justo cuando sonaba la sirena y todos mis amigos salían corriendo para entrar los primeros en clase (ahora ni la mitad saben qué es un aula) dejándome sola frente a tan terrible y enorme bicho. Por más golpes que le intentaba dar aquello no se movía y es que se le debía haber quedado enganchada alguna patita a los hilos de mi jersey.

Por allí andaba mi “novio” de la juventud, Ricardo, (él nunca tenía prisa por entrar al cole, ya por aquel entonces me gustaban los macarras) que se acercó a mi a presenciar la lucha a muerte contra el saltamontes.
Yo empezaba a estar histérica porque aquello no se movía de mi manga y mis voces debieron oírse hasta dentro del colegio porque salieron unos cuantos niños y profesores a ver que pasaba.
Podéis creerme, nadie me ayudaba en aquella batalla, nadie me animaba, nadie hacia nada por mi…un silencio sepulcral inundaba el patio, silencio solo roto por mis eventuales gritos de pánico. Esta trágica situación se mantuvo durante lo que a mí me parecieron horas hasta que al final apareció mi salvador: Pablo, el conserje del colegio, que agarró al bicho y lo mandó lejos.

En un principio la cosa quedó ahí, en un triste recuerdo de mi infancia, nadie hizo ninguna gracia ese día ni al día siguiente ni nunca refiriéndose a aquella lucha niña contra bicho, pero a mi me causó un trauma.

Si, si, un trauma…desde ese día tengo un miedo terrible a los saltamontes y siempre intento apartarme de su camino…excepto cuando vienen a mí, como pasó hace unos años…

Yo tenía 17 años, era una tarde de verano bastante calurosa, estaba yo con el que por aquel entonces era mi novio (los saltamontes y los novios van unidos en mi vida). Estábamos sentados en un banco de un parque cuándo a el le llamaron por teléfono y mientras hablaba, dos enormes saltamontes aprovecharon para caer encima de mis piernas, intentando sembrar el caos y la destrucción, intentando hacerme caer en la histeria y la angustia, pero no lo consiguieron porque con dos certeros y tremendos manotazos los mandé lejos de mis piernas.
Mi novio poco más y se mea de la risa (o del susto, nunca lo supe) pero yo me erigí como victoriosa en aquella batalla contra los saltamontes que se inició tantos años atrás.

Efectivamente, desde ese día los saltamontes y yo vivimos en paz respetando cada uno nuestro territorio.

4 comentarios:

Thimbler dijo...

Los putos saltamontes es que son como el puto velcro eh!! ARGH!! No te los quitas ni pa dios... próximamente en mi blog, la historia del cangrejo!! Tengo historias de panico animalistico pa dar y tomar...

monsieur le six dijo...

Pero mujer, los saltamontes no dan tanto asco como otros bichos. En cualquier caso, feliz victoria :) Debiste sentirte como Joe Di Maio después de derrotar a sus enemigos en cruel batalla.

mariña dijo...

pos a mi me gustan... y las mantis mas... que comen a sus machos despues del sexo... y no solo la polla, jajajaja

Anónimo dijo...

Hola! no sabia que alguien compartia mi fobia, yo nunca los habria apartado porque cuando un saltamontes se acerca a mi me quedo sin respiracion, me ahogo, tambien fue por un trauma infantil. un beso