Bueno, siguiendo con la línea de la entrada de los saltamontes hoy os cuento otra historia de mi infancia, mucho más trágica que la anterior, por supuesto.Mis abuelos vivían en el centro de Madrid, en el Paseo de Santa María de la Cabeza, justo al lado de Atocha y del Reina Sofía. En un ático no muy grande pero con unas vistas nada desdeñables.
El piso tenía una gran terraza (claro, si no para qué se quiere un ático…) donde solíamos cenar cuando hacía buen tiempo y donde mi abuelo me sacaba a jugar y a ver los pájaros que criaba.
Pero claro, eso era cuando hacía buen tiempo. Cuando no, mi abuela tenía muchísimas joyas y me dejaba las de menor valor para entretenerme un rato, o me sacaba juguetes antiguos de mis tías y así no estaba en el salón molestando a la familia y de paso a mi no me molestaba el humo del tabaco.
Un día mi abuela prefirió entretenerme de otra forma, me dio dos peluches que habían sido de mi tía, los metió en la bañera y abrió el grifo, llenándola de agua hasta bastante menos de la mitad. Me dio un jabón suave para que los lavase y allí me dejó entretenida, porque no hay nada mejor que dar a un niño algo que hacer con el agua para verlo entretenido durante horas.
Así estaban las cosas: yo con las mangas del jersey arremangadas, remojando a dos peluches mientras que mi familia charlaba en el salón con una oreja prestando atención a los ruidos que venían del baño.
Esta vez tampoco recuerdo bien que fue lo que pasó, pero supongo que sería que intentaba coger algo del fondo de la bañera, pero el caso es que a mis dos o tres años ya apuntaba maneras de cabezota y cabezona y claro…me pesó más la cabeza que el cuerpo y la gravedad…hizo de las suyas y caí de cabeza a la bañera.
Creo que no grité, esta vez los tímpanos de mi familia suspiraron de alivio, pero su corazón de encogió de angustia al ver a una niña sumergida en el agua mientras dos horribles peluches intentaban ahogarla.
Tras los primeros segundos de desconcierto, mi padre y mi abuelo se lanzaron a la batalla y lucharon contra los malvados peluches, consiguiendo, después de una dura pelea, salvar a la niña de perecer ahogada en dos dedos de agua.
Desde ese día mi abuela me volvió a dar las joyas y los juguetes antiguos que había por la casa mientras que de los peluches nunca más se supo. Supongo que fueron desterrados de la casa por intentar sembrar la muerte en la familia.
Como veis esta historia es mucho más truculenta que la anterior y como historias de este estilo no me faltan, prometo alguna más, eso si, cada vez más angustiantes, más peligrosas y más traumáticas.
…y luego se preguntarán por qué los niños se vuelven psicópatas asesinos…No! No es el Rol! No! No son los videojuegos! Son los sucesos de la infancia!
6 comentarios:
Si es que te ahogas en un vaso de agua, ya lo digo yo :P
Ya por aquel entonces montabas la de Dios por cosas inexistentes. En fin...
Pero que cuento es esto??? Habrase visto! Yo contando aquí mis traumas y usted riéndose de ellos!!!
No no nooo, muuuy mal! Así no hay quien negocie! :P
Por cierto, los peluches existian!
Pero a ver si lo entiendo, ¿entonces eran como el muñeco diabolico ese o algo así?
Pues menos mal que eran peluches...
Si joder, llegan a ser Gijoes o Action Man y nos quedamos sin la Sonia!!
Anda ya, que tontadas dices...
Mañana posteo yo mi historia del cancrejo marvado!!
Vale, los osos no me atacaron...pero si que me cai de cabeza a la bañera y eso fue lo traumatico!
Que poca consideracion con los traumas, eh?
y desde entonces no te lavas!!!
ahora entiendo muchas cosas....xD
no me odies
Publicar un comentario