martes, 11 de agosto de 2009

La absolutista del cine.


El viernes fuimos al cine a ver una peli más para pasar el rato que para alimentar las almas con películas de culto. Todos sabréis que la cartelera no es que esté de lo más bollante en verano.

Bien, pues yo soy lo que podría conocerse como una absolutista del cine. No como palomitas, no bebo refrescos y no hablo ni pongo lo pies en el respaldo del asiento de delante.
Simplemente tomo alguna chuchería, bebo agua y me siento más o menos cómoda sin enguarrar los asientos.

Pero si hay algo que me convierta en una absolutista es que no soporto que la gente hable durante la peli porque desconcentra mogollón y porque me parece una falta de respeto hacia el resto de los espectadores.

Y el viernes, para mi desgracia, me encontré con dos grupitos de jóvenes que parecían tener un respeto nulo hacia los compañeros de butacas.

Si bien la película no era nada del otro mundo, estos jóvenes se encargaron de que nadie se enterase de la misa la media y como además era de "miedo", se cargaron todos los "sustos" con sus risitas y sus comentarios.

Por más que otros espectadores y yo les mandamos callar, hacían caso el tiempo suficiente como para que nos confiásemos y luego, ¡zas! volver a empezar.

Para más INRI, cuando acabó la película y les recriminamos su actitud se pusieron en plan chulesco argumentando que no eran los únicos que hacían ruido, que había otros chavales liándola (a río revuelto...).

En fin, si mal no recuerdo ya hablé en este mismo blog sobre este mismo tema y mucho me temo que aparte de salir de la sala y pedirle al personal que los eche (perdiéndonos parte de la peli) poco podemos hacer.
Solo nos queda ir a la última sesión, cuando los niñatos ya duermen.