La idea de publicar alguna que otra entrada donde hablar sobre gastronomía y lugares en los que disfrutar de la mesa no quedó en el olvido, simplemente pasó a un segundo plano porque al final siempre encontraba una entrada para publicar.
Pero el otro día fui a comer a un restaurante que acaba de abrir sus puertas en Madrid, Gaudium, en el barrio de Chamberí (Calle Santa Feliciana) y creo que merece empezar a aparecer en la red como una muy buena opción para comer y cenar.
Descubrimos este restaurante gracias al artículo publicado en el suplemento”El viajero” del diario “El País” y lo cierto es que la realidad es fiel a lo publicado por María Ovelar.
Haciendo caso a las sugerencias elegimos para empezar unas croquetas de ibérico y la ensalada con queso cremoso de cabra, acertamos, sobre todo con las croquetas: finas, como las de casa, con el rebozado crujiente y sin demasiados tropezones.
El lomo de buey a la parrilla es simplemente espectacular, hecho en su punto justo y servido con unos pimientitos de piquillo y patatitas fritas. Delicioso.
Pero el patinazo llegó con el rabo de toro con uvas…lo que nos vendieron como una delicia resultó salir algo duro, con la carne pegada al hueso y sin el último punto de cocción que necesitaba.
De todas formas, aceptamos el reto propuesto por el chef y por sus ayudantes en sala…volveremos y aceptaremos la tapa de rabo para comprobar que en verdad solo fue un patinazo y no un descalabramiento en toda regla.
Respecto a los postres…el tiramisú es sin duda el rey, aunque el hojaldre con fresitas (de las de verdad) es memorable.
Si a todo esto le sumamos un buen (y variado) pan y unos aperitivos (hamburguesa de pollo aromática) más que interesantes, llegamos a la conclusión de que Juan Carlos Peñas y Miguel Ángel Garrido han sabido poner en marcha un buen restaurante.
No tuve oportunidad de ojear la carta de vinos, pero seguimos la recomendación de probar el tinto de la casa y acertamos con el Somontano, sobre todo cuando empezamos a cansarnos de la hegemonía de Riojas y Riberas.
En contra de lo que se pueda pensar, el precio está más que ajustado y se paga por lo que se come, ni más ni menos, no por la decoración (realmente cuidada) o por un nombre grandilocuente, una novedad en los tiempos que corren (40 € por persona).
Afortunadamente aún quedan novedades en Madrid que no buscan la comida de fusión, de autor o de vanguardias.
Por tanto, no me sorprende que día tras día estén llenando la sala, que el boca a boca funcione a las mil maravillas y que según dicen, los platos de cuchara sean más que importantes (habrá que comprobarlo).
2 comentarios:
Hola,coincido por completo descubrí este pequeño restaurante hace un mes y me encantaron sus platos ( compartimos unas deliciosas verduras y las croquetas como de la abuela !!!), probé el bacalao ligero y en su punto y rematamos con un tiramisú estupendo. Calidad precio más que razonable y que el dueño salga a charlar con los comensales para ver su opinión es todo un detalle.
¡Muchas gracias por tu comentario!
Las croquetas son eso, de la abuela, las de casa y muy muy suaves, te quedas con ganas de más!
Y el tiramisú...ya dije, delicioso, el bizcocho bien bañadito y jugoso...ñam!
Calidad precio muy muy buena y sobre todo ganas de volver, a buen seguro se convertirá en un restaurante esencial en la gastronomía madrileña.
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