domingo, 3 de agosto de 2008

Sobre compromisos, ordenes, desertores y méritos.


Supongo que esta no será una entrada de lo más políticamente correcta y que posiblemente, cuando algunas personas la lean a su vuelta de vacaciones me den un tironcillo de orejas.

Es posible que algunos, aparte de tacharme de poco comprometida con la causa (es lo que tiene irse de vacaciones durante el curso político, que una es poco menos que una desertora) me tachen de indiscreta, de no saber callarme ni media o decidan eliminarme de su lista de “contactos futuros para conseguir logros personales”. Pero me da lo mismo, es más, hasta lo prefiero.

Prefiero decir lo que pienso a callar y agachar las orejas porque si no criticamos lo que tenemos en casa no seremos válidos para nada. Si nos dedicamos a obedecer y no somos (alguna vez) la voz discordante, la voz de nuestras verdaderas ideas y no las defendemos con convicción malamente podremos llegar a ser alguien.

Todos tenemos unas metas, unos límites y unos compromisos. Todos los ponemos en una balanza y decidimos qué hacer cuando y en qué momento.
Todos nos vemos obligados a elegir entre A o B continuamente y es algo que nos toca hacer solo a nosotros porque si alguien presiona desde fuera intentando comprometer nuestras decisiones (y todos lo hacemos aunque no queramos) no está dejando a esa persona elegir libremente.

Claro, los compromisos se adquieren y se debe cumplir con ellos, pero también hay que dejar hueco a la conciliación. Aunque esto nos lleve a tener que dejar de lado en ciertos momentos puntuales ciertos compromisos.

Yo, como todo hijo de vecino, tengo mis compromisos. Los que yo he elegido y los que me han sido impuestos y no tengo más remedio que equilibrarlos y dejar hueco para todos.

Lamentablemente no siempre se puede contentar a todo el mundo y en ocasiones aparecen voces disonantes. Hay que saber escucharlas o hacer oídos sordos. Hay que saber quien dice las cosas, como las dice y porque las dice.
Hay que saber que importancia tiene en nuestra vida o quehaceres quien nos está hablando y qué importancia puede tener en un futuro…y hasta donde estamos dispuestos a llegar.

Yo me precio de escuchar, siempre estoy dispuesta a escuchar lo que se me tenga que decir, pero lo siento, cuando el tono o el mensaje subyacente no es el adecuado, yo cierro y hago oídos sordos.
No puedo evitarlo, es algo que me supera. Siempre me ha pasado, prefiero que la gente me venga de frente y me diga las cosas tal y como son a que intenten “disimularlas” con dobles significados.

Espero que esto, cuando sea leído por aquellos que (supongo) saben a que me refiero o por quienes pueden intuir por donde van mis palabras no lo tomen como algo personal.

Yo no busco guerras ni luchas por determinados objetivos, no quiero más de lo que tengo y mis pies están bien atados al suelo. Espero que todos estemos de igual manera y que aprendamos (yo la primera) a no exigir a quien no debemos, que sepamos admitir que no todos somos iguales (afortunadamente) y que aquí no hay ni disidentes, ni causas ni utopías y sobre todo, que esto no es un concurso de méritos, sino que es una colaboración de personas e ideas. Y sobre todo, que mi segundo párrafo no sea más que una enumeración de errores y equivocaciones por mi parte.

Que pasen un buen (y comprometido) verano con quienes deseen, les dejen o puedan, yo seguiré dando la lata as usual.

No hay comentarios.: