
Leo otra semana mas el suplemento dominical del diario El País, esta vez no es un reportaje lo que más llamó mi atención como pasó la semana pasada con el tema del genocidio, sino que es un artículo, casi al final, en el que Alex Rovira Celma, profesor de Esade nos da una clase magistral sobre algo que tenemos muy olvidado: las caricias.
No, no es un artículo donde se enumeran algunos consejos, ni donde se explica el qué y cómo acariciar según el fin que se persiga, sino que nos recuerda que las caricias existen.
No es un simple placer; acariciar y ser acariciado es necesario y no solo dentro del plano sexual, sino que hay caricias para todo y para todos.
¿Quién no recuerda los mimos de mamá, los abrazos de papá, el tacto de la piel del ser amado, el frescor de la hierba en los pies descalzos, la suavidad de la nieve?
Son solo unas muestras de que vivimos rodeados de caricias y que negarlas es negar una parte de nuestra naturaleza.
¿Para qué sirven? Para todo, pueden servir para reconocer, para unir, para reconfortar, para relajar, para desatar la lujuria, podemos expresar lo innombrable, o lo que no queremos decir con simples palabras, además de conseguir una inmensa sensación de felicidad.
Esto sin ponernos científicos y explicar que al acariciarnos estimulamos la creación de endorfinas, que nos hacen más soportable el dolor y que nos aportan una agradable sensación de bienestar.
Con ellas podemos tener grandes momentos de intimidad entre “acariciador” y “acariciado”, es un momento de sinceridad entre dos personas de de pocas o ninguna otra manera se consigue.
Pero lógicamente, no es que ahora nos tengamos que ir acariciando constantemente, sino que deberíamos acordarnos de que a lo mejor, quienes están a nuestro lado, a veces necesitan un abrazo sincero o una caricia.
Quizás a nuestros amigos los dejamos un poco de lado pensando que con el simple apoyo moral, con el estar ahí ya vale, y no todo es una charla tranquila frente a un café, sino que un abrazo es una grandiosa prueba de amistad, quizás también, a nuestros familiares cercanos no les demostramos el cariño que les tenemos porque lo consideramos algo implícito y con nuestra pareja hemos olvidado las simples caricias, el reconocimiento mutuo, el acariciar “porque si” y nos hemos centrado en las caricias “sexuales”, quizás, solo quizás.
Y por ultimo, algunas preguntas: ¿Y si, en lugar de atiborrarnos diariamente de banalidades, historias ajenas o pasatiempos de escaso valor emocional e intelectual, nos sumergiéramos en los matices de la caricia? ¿Conocemos los matices y el infinito espectro de sensaciones que puede despertar la caricia del ser amado? ¿Conocemos en detalle la piel de nuestra pareja, del ser querido o deseado con el que nos sumergimos en contacto íntimo?
No es un simple placer; acariciar y ser acariciado es necesario y no solo dentro del plano sexual, sino que hay caricias para todo y para todos.
¿Quién no recuerda los mimos de mamá, los abrazos de papá, el tacto de la piel del ser amado, el frescor de la hierba en los pies descalzos, la suavidad de la nieve?
Son solo unas muestras de que vivimos rodeados de caricias y que negarlas es negar una parte de nuestra naturaleza.
¿Para qué sirven? Para todo, pueden servir para reconocer, para unir, para reconfortar, para relajar, para desatar la lujuria, podemos expresar lo innombrable, o lo que no queremos decir con simples palabras, además de conseguir una inmensa sensación de felicidad.
Esto sin ponernos científicos y explicar que al acariciarnos estimulamos la creación de endorfinas, que nos hacen más soportable el dolor y que nos aportan una agradable sensación de bienestar.
Con ellas podemos tener grandes momentos de intimidad entre “acariciador” y “acariciado”, es un momento de sinceridad entre dos personas de de pocas o ninguna otra manera se consigue.
Pero lógicamente, no es que ahora nos tengamos que ir acariciando constantemente, sino que deberíamos acordarnos de que a lo mejor, quienes están a nuestro lado, a veces necesitan un abrazo sincero o una caricia.
Quizás a nuestros amigos los dejamos un poco de lado pensando que con el simple apoyo moral, con el estar ahí ya vale, y no todo es una charla tranquila frente a un café, sino que un abrazo es una grandiosa prueba de amistad, quizás también, a nuestros familiares cercanos no les demostramos el cariño que les tenemos porque lo consideramos algo implícito y con nuestra pareja hemos olvidado las simples caricias, el reconocimiento mutuo, el acariciar “porque si” y nos hemos centrado en las caricias “sexuales”, quizás, solo quizás.
Y por ultimo, algunas preguntas: ¿Y si, en lugar de atiborrarnos diariamente de banalidades, historias ajenas o pasatiempos de escaso valor emocional e intelectual, nos sumergiéramos en los matices de la caricia? ¿Conocemos los matices y el infinito espectro de sensaciones que puede despertar la caricia del ser amado? ¿Conocemos en detalle la piel de nuestra pareja, del ser querido o deseado con el que nos sumergimos en contacto íntimo?
5 comentarios:
¿Y si, en lugar de llamar escupitajos a los comentarios los llamases caricias :P?
Muy bonita entrada ^^
jarl, y pq me chafas diciendo "no significa que tengamos que ir dando caricias"?
ya me estaba haciendo ilusiones de que me ibas a dar abracitos cuando me vieras jajaja
seria un puntazo poner caricias, pero los eskupitajos son muy punkarras (y de eso entendemos un rato)
Calpurnia, sabes que yo te sobo todo lo que haga falta y que si Marmad se pone celosona a ella tambien, si sera por amor!!! xD
Si que podria poner caricias en vez de eskupitajos, pero es eso, que queda mu punkarra y como eso de beber el kali en el brick se nos da bien...
Anda, a practicar mas el acariciamiento (conmigo, of course!!)
jajajajajaja
te acariciare mañana un poquito en nuestro concierto!!!
muy ponita entrada, snif moquillo...
y si... me pongo celosa... pero sé compartir ;)
Publicar un comentario