viernes, 10 de octubre de 2008

Las medias y las tiendas de barrio...


Soy joven, mi adolescencia pasó entre centros comerciales (La Rambla, preferiblemente) y como buena mujer que soy, en ocasiones disfruto comprando trapitos, comparando modelitos y desgastando el monedero de tanto abrirlo y cerrarlo para sacar dinero.

No os he contado nada que no sepáis y que no sea común al 99% de la población femenina (y aun gran porcentaje de la masculina), pero aunque disfrute como una enana comprando en grandes tiendas, hay una parte de mi que siempre tira hacia el pequeño comercio.

No hablo de la frutería de barrio (que prefiero mil veces antes que la frutería de los hipermercados), sino de las tiendas de ropa pequeñitas, en las que se descubren grandes caprichos.

Precisamente el otro día me pasó…en el Corte Inglés hay una gran selección de medias. Las hay de todos los colores, marcas, precios, modelos, estilos…pero no suele haber una dependienta que te asesore como Dios manda en un tema tan delicado como son las medias de liguero (vamos, las que no son pantys, sino que acaban en el muslo con una liga) del estilo de las de la imagen erotico festiva del principio de la entrada que por cierto, son hiper comodas y muy recomendables.

¿Por qué es complicado? Pues porque como no queden bien, se caen y queda horrible ir por la calle con la sensación de que en el momento menos pensado se te van a caer las medias.
Y claro, hay que buscar la talla adecuada (que no es universal), el color, la puntera si o la puntera no, la liga más o menos ancha…vamos, un master para unas medias.

Y en El Corte Inglés muchas dependientas no tiene ni idea de cómo son las medias que venden y no son capaces de aconsejar debidamente.

Sin embargo, el otro día pasaba por una calle de Alcalá de Henares y vi una mercería-corsetería, entré a preguntar y la dependienta me asesoró cojonudamente bien.
Me sacó varias marcas y no fue a por el beneficio (me llevé unas de las más baratas) sino que buscaba la satisfacción de la clienta. Y vaya si lo consiguió.

Las que me compré no solo fueron “baratas”, sino que ajustan perfectamente, no se caen, no tienen una liga enorme que se marque o que se “insinúe” en las aberturas de las faldas y encima tiene la opacidad (viva yo) adecuada. Un gustazo.

Por eso, creo que los comerciantes de barrio merecen ser tratados como merecen, que si que es verdad que en todas partes cuecen habas, pero también es verdad que la profesionalidad de quienes tienen un negocio durante años no es comparable con quienes tienen un contrato mediante el que lo mismo te venden discos que un traje.

Y si, como cambia el personal… ¡olvidé el chándal y me pasé a cositas monas y todo!
Quien me lo iba a decir a mi hace un tiempo… ¡Si es que no hay nada mejor que pasar por un proceso de metamorfosis!

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