Ayer tuve una celebración familiar y por ser donde era estuve paseando casi toda la mañana por el barrio de Salamanca (calles Serrano, Velázquez, Goya, Ortega y Gasset, etc.) y recordé una tarde de las navidades del año 2006 por esa misma zona. Pongámonos en situación: Navidad en el barrio de Salamanca. Gente por la calle, mucho frío, luces, adornos, compras, familias…nada diferente de lo que puede ser una tarde cualquiera en esas fechas en cualquier otra zona comercial de Madrid o de otras ciudades importantes de España.
Bien, paso por delante del centro comercial ABC Serrano y entro. No tengo intención de ver ninguna tienda en particular ni quiero hacer nada más que darme una vuelta por ese recinto de lujo y ver que ambiente se respira en esas fechas.
Si ese centro comercial agobia y da algo de “asco” en cualquier época del año, en Navidad esto se multiplica infinitas veces.
No eran los adornos, ni la gente, ni el coro de niños que entonaban villancicos…era todo y nada pero la sensación que me entró en ese momento fue de lo más desagradable.
Quienes me acompañaban debieron sentir algo parecido porque con una sola mirada nos entendimos y salimos de allí como alma que lleva el diablo; una vez fuera coincidimos: había tanta paz, tanto amor, era todo tan de postal o de película americana que daba nauseas.
Cosa que he podido comprobar muchísimas veces más. Cada vez que ando por esa zona vuelvo a casa con la misma sensación. La gente de ese barrio parece vivir en un mundo aparte, dan la imagen de la perfección más absoluta.
Todos salen perfectamente arreglados hasta para comprar el pan, las familias van juntas a todas partes, todo el mundo ha comprado algo en alguna de las tiendas más caras del barrio y todo el mundo tiene unos hijos dignos de portada de revista.
A mi, sinceramente, es un barrio que me gusta. Me gustan las casas, me gustan las calles y la mayoría de las tiendas, pero odio el tipo de gente que lo puebla porque son precisamente el prototipo de gente con la que jamás me querría juntar.
No es envidia, en absoluto, es simple repelús. Todo en ellos parece tan perfecto que ni yo, que soy la persona más ingenua que os podáis imaginar me lo creo.
A mi que compren en la milla de oro de Madrid me es indiferente, a mi su ropa carísima no me impone en absoluto, a mi sus modales recatados se me quedan vulgares. No es nada de eso. Es el aura de perfección con que se intentan rodear, es lo que me hace pensar que allí hay poca gente que sea verdaderamente feliz y creo que no saben lo que se pierden viviendo allí en su circulo cerrado sin conocer a esos ciudadanos que seguro que piensan que están/estamos por debajo suyo.
1 comentario:
Escalofriante...
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